lunes, 21 de abril de 2008

Redistribución: drama en tres actos

Si hay algo de lo que debemos enorgullecernos los bonaerenses –qué digo, los platenses… mis disculpas por el grotesco gentilicio- es del estado del actual Teatro Argentino. Ayer tuve la suerte de asistir a la última función de Tosca. No soy un gran connaisseur, pero sí un asiduo concurrente al teatro. Y confieso que salí del coliseo asombrado. El vestuario y la escenografía, espectaculares. Al igual que la soprano, que se lució no menos que el tenor Carlos Duarte, interpretando al pintor Cavaradossi. La verdad, diez puntos. Nada que envidiarle al Colón.

Sí, provisión pública. De servicios. Privados.

Pero acá viene la cosa. Como buen pichón de economista, me detengo en algunos banales y mundanos detalles que a ojo de extraño pasarían desapercibidos. O no. Ya en el estacionamiento del teatro –cinco pesos por cuatro horas de parking techado, una verdadera ganga para estar en pleno centro- observé con atención que la mayoría de los coches presentes eran sedanes importados y últimos modelos. Recién patentados. Interesante proxy del nivel de ingreso de los allí presentes (con un poco de imaginación o haraganería intelectual). Hipótesis que confirmo en el foyer, al ver los elegantes atuendos de las señoras y el ébano de los bastones de los gerontes… y hasta me tomo el atrevimiento de rematar conjeturando los parámetros de una eventual distribución de la edad de los espectadores: a ojímetro, la media estará cerca de unos ¿50? años, con una varianza de unos ¿20?



Culmina el primer acto. Los plateístas se revientan las manos aplaudiendo. La ovación desafía la perfecta acústica de la sala Ginastera. Al instante, en el foyer, las gentes coquetean desenvueltas, copa de Chandon en mano.

Gente grande y con un “buen” nivel de ingresos. Correlacionado con lo anterior, un abundante número de años de educación formal, pienso…

E inmediatamente me viene a la mente el debate sobre la regresividad del gasto público en educación universitaria por ejemplo, sólo que aplicado en este caso a la provisión pública de “óperas” – por caso. Increíble, hay escuelas que no tienen estufas, hospitales que carecen de insumos, tribunales sumergidos en el agua, edificios públicos que se caen a pedazos… y por sólo tres euros consigo mi silla en algún palco del teatro. Chocante.

“Redistribución del ingreso”, que le dicen.

Ahora bien: no creo que la ópera se caracterice por abundancia de externalidades, como los planes de vacunación. Pero la regresividad seguramente debe de estar sólo en el supply side, porque si pensamos en la cantidad de trabajo que demanda el teatro, a saber carpinteros, sastres, peluqueros, electricistas, técnicos, operarios, sonidistas, iluminadores, coreógrafos, músicos, bailarines, tenores y demás artistas, empleados administrativos… toda una gran maquinaria humana al servicio de unos cuantos bons-vivants (y más generalmente de la cultura, el arte, etc.)… se complica un poco hablar entonces de regresividad. Tal vez me esté equivocando. Al menos esa impresión me quedó. Impresionante la obra, increíble que sea un teatro público –¿seguiría siendo un teatro si pasase a manos privadas?

Interesante asignación de recursos. Que siga así.

8 comentarios:

Ana C. dijo...

Sos un pichón de buen economista vos. Tendrías que revisar tu ubicación geopolítica, nomás :-)

El gasto público en cultura es bastante regresivo en todos lados, pero sino la oferta cultural sería muchísimo menor al óptimo social o inexistente.

Un saludo

Tincho dijo...

Robinson, viste, es tipico de economista hacer esas cosas: mirar los bienes que nos proveen, cuanto nos cuesta (directamente) y ver quienes nos rodean a la hora de comprarlos.

Llendo al grano, muy regresivo el gasto ese. Y eso que ni se como se financia.

Lo que plantea Ana es relativamente cierto. Pero como lo dijiste vos, con las otras necesidades y alternativas que hay, gastar en cultura para ricos es tremedamente regresivo. Por mas que plantees ese efecto "multiplicador" o generador de empleo la regresividad sigue presente. Al menos si hay que usar un poderador subjetivo el mio ya esta definido.

Saludos y buen post!

Tincho dijo...

Robinson, sos platense?? Estas en la UNLP??

Robinson dijo...

Hey, gracias por los comentarios. Por lo que pude averiguar, el teatro depende del organismo encargado de la cultura en la provincia. Tiene un presupuesto cercano a unos 40 millones, me dijeron...

Efectivamente Ana, incluso la Scala está bancada por alguna agencia gubernamental. Pasa en todos lados... ahora bien, supongamos que el óptimo social sea algo bastante cercano a un vector nulo... ¿qué policy maker será tan mezquino de poner de patitas a la calle a toda esa gente? Digo, tiene un costo político altísimo...

Respecto de la financiación: precio bien debajo de costo marginal... si el teatro pasara a manos privadas mañana, la entrada de tres euros se iría a un poquito más, no?

Ella dijo...

Más allá de las externalidades de la ópera o del trabajo que genera, no nos podemos olvidar que los objetivos de política son múltiples. Y que recae en ese policy maker la responsabilidad de ponderarlos.

Una vez, peleando por subsidios para cartoneros, nos dijeron que "las partidas ya están asignadas. Si ustedes ven que hacemos estadios o inauguramos centros recreativos, no crean que estamos sacando los fondos de los subsidios..."
Claro está: la ponderación se hace mucho antes de cuando se efectúa el gasto.

muy bueno el post!!
saludos

Tincho dijo...

Eso es lo que apuntaba Ella con el tema del ponderador.

Pero si tu objetivo es distribuir, porque provees a los ricos con un expectaculo a un costo inferior al cmg que habria en el mercado. Si al fin ellos tienen ingresos para pagarlos.

Robinson dijo...

Claro Tincho, a eso apuntaba con el post: a plasmar la sensación de contradicción que me quedó.
Tal vez ayude ver la cuestión en términos de política. La administración se encuentra un teatro como ese en marcha - y por cuestiones políticas, decide no cambiar nada, porque ya sabemos lo fuertes que son los sindicatos en la provincia, y por el repudio colectivo que puede generar la medida -. Quiero decir, distinto sería el caso de tener que evaluar un proyecto de inversión en un teatro en ese mismo lugar, cotejado con la construcción de un hospital, escuela, o arreglo de los ya existentes, etc.

Coincido con el libre albedrío de las autoridades para elegir los ponderadores. Ello se canaliza en el proceso político, pero esos ponderadores no son estáticos sino dinámicos, y se van acomodando según como vaya soplando el viento a lo largo de la gestión. O algo por el estilo.

Lo curioso de estas cuestiones que a simple vista pueden parecer tan "micro" como este tema del teatro, o la discusión puntual de las retenciones que se da por estos días, es que en última instancia llegamos a lo mismo: federalismo fiscal, eficiencia y equidad.

Saludos.

hola Di Natale dijo...

hola Di natale