Dice C. Auguste Dupin:“La policía de París, tan elogiada por su perspicacia, es astuta, pero nada más. No hay más método en sus diligencias que el que las circunstancias sugieren. Exhiben siempre las medidas tomadas, pero con frecuencia ocurre que son poco apropiadas a los fines propuestos que nos hacen pensar en monsieur Jourdain pidiendo su robe de chambre… pour mieux entendre la musique. A veces no dejan de ser sorprendentes los resultados obtenidos. Pero en su gran parte, se consiguen por mera insistencia y actividad. Cuando resultan ineficaces tales procedimientos, fallan todos sus planes. Vidocq, por ejemplo, era un hombre de excelentes conjeturas y perseverante; pero como su inteligencia carecía de educación, se desviaba con frecuencia por la misma intensidad de sus investigaciones. Disminuía el poder de su visión por mirar el objeto tan de cerca. Era capaz de ver, probablemente, una o dos circunstancias con una poco corriente claridad, pero al hacerlo, perdía necesariamente la visión total del asunto. Esto, puede decirse, es el defecto de ser demasiado profundo. La verdad no siempre está dentro de un pozo. En realidad, yo pienso que el conocimiento más importante es invariablemente superficial. La profundidad se encuentra en los valles donde la buscamos, pero no en las cumbres desde donde la vemos. Las variedades y orígenes de esta especie de error tienen un magnífico ejemplo en la contemplación de los cuerpos celestes. Dirigir a una estrella una rápida ojeada, examinarla oblicuamente, volviendo hacia ella las partes exteriores de la retina (que son más sensibles a las débiles impresiones de la luz que las anteriores), es contemplar la estrella con claridad, obtener la más exacta apreciación de su brillo. Brillo que se oscurece a medida que volvemos nuestra visión de lleno hacia ella. En el último caso, caen en los ojos mayor número de rayos, pero en el primero se obtiene una receptividad mas afinada. Con una extrema profundidad, embrollamos y debilitamos el pensamiento, y aun lo confundimos. Podemos, incluso, lograr que Venus se desvanezca del firmamento si le dirigimos una atención demasiado sostenida, demasiado concentrada o demasiado directa.”
Edgar Allan Poe, Los crímenes de la Rue Morgue, Graham’s Lady’s and Gentlemen’s Magazine, 1841.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada