domingo, 3 de agosto de 2008

El maestro de Babel

Durante estas vacaciones de invierno, pienso desconectarme un poco de la economía: al menos, esa es la idea. Muy consciente de la existencia innegable –casi dogmática- de rendimientos marginales decrecientes en casi cualquier empresa humana, me dispuse a leer otra cosa. Entre algunos trastos, encontré este librazo. Venga otra cita, Robinson…


Somos el río que invocaste, Heráclito.
Somos el tiempo. Su intangible curso
acarrea leones y montañas,
llorado amor, ceniza del deleite,
insidiosa esperanza interminable,
vastos nombres de imperios que son polvo,
hexámetros del griego y del romano,
lóbrego un mar bajo el poder del alba,
el sueño, ese pregusto de la muerte,
las armas y el guerrero, monumentos,
las dos caras de Jano que se ignoran,
los laberintos de marfil que urden
las piezas de ajedrez en el tablero,
la roja mano de Macbeth que puede
ensangrentar los mares, la secreta
labor de los relojes en la sombra,
un incesante espejo que se mira
en otro espejo y nadie para verlos,
láminas en acero, letra gótica,
una barra de azufre en un armario,
pesadas campanadas del insomnio,
auroras, ponientes y crepúsculos,
ecos, resaca, arena, liquen, sueños.
Otra cosa no soy que esas imágenes
que baraja el azar y nombra el tedio.
Con ellas, aunque ciego y quebrantado,
he de labrar el verso incorruptible
y (es mi deber) salvarme.


Jorge Luis Borges, “El hacedor”, en La cifra (1981), Emecé, Buenos Aires.



No soy un fanático de la poesía, pero éste me llamó la atención de sobremanera. Tras una primera lectura, tengo la sensación de que este poema nos introduce en casi todos los diferentes y pantanosos territorios borgeanos, develando con total sinceridad aquellas cuestiones que inquietan –e inspiran, por qué no- al propio Borges: el tiempo, las armas, el laberinto, la dualidad y los espejos, el destino y la propia muerte. Todo en unos cuantos versos, cuando en realidad el inspector de aves gustaba de dedicarle a cada tema un par de cuentos (como Ficciones, por caso). El hacedor bien podría ser algo semejante al abstract de la obra de Borges. Qué curioso.

Describiendo su producción literaria, el propio autor confesó: “…no soy ni un pensador ni un moralista, sino sencillamente un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura”.

Borges es el maestro de Babel. Su ecléctica formación y su espíritu de bibliotecario incansable lo convierten en un escritor universal: no podemos estar seguros de que haya sido o sea argentino, a menos que leamos sus nostálgicas y profundas descripciones de Buenos Aires. (El cosmopolitismo ilustrado es extensivo a otras personalidades: algo parecido le pasa a Barenboim, pero con la música. Los hombres de ciencia y del arte no tienen patria.)

Se puede tener por cierto que el tiempo arrasa con todo. Bueno, casi: no creo que pueda con estos versos.

4 comentarios:

el orejano dijo...

Palabras posiblemente apocrifas halladas en el aleph electronico que pueden refutar la ultima linea escrita por Robinson:

"Nunca no fui, nunca no fuiste, nunca no fueron estos príncipes, nunca llegará el día en que no seremos... Quien piensa que éste mata y que aquél es matado no tiene discernimiento; nadie mata y nadie es matado.El que habita los cuerpos deja los cuerpos ya gastados y pasa a cuerpos nuevos. Las espadas no lo destrozan, el fuego no lo quema, las aguas no lo mojan, los vientos no lo secan..."

Saludos

Pd. la ciencia y las artes no tienen patria pero el hombre de ciencia y el artista si la tienen ("Yo soy yo y mis circunstancias" dijo, si mal no recuerdo, Ortega y Gasset)

Tincho dijo...

Robinson, estas mas perdido que yo!

Farolera dijo...

No soy muy amiga de Borges. Es decir, admiro sus escritos, pero me parecen tan fríos como él.

Con respecto al "cosmopolitismo ilustrado" me pasa algo similar a Borges: en una primera instancia me atrae, como una cosa que brilla; pero que en una segunda mirada me parece bastante ordinario. "Pinta tu aldea y pintarás el mundo" dijo un sabio, y es algo que aplica a la Ilíada y a Ulises y La Metamorfosis y a todas obras magistrales. Las grandes obras de la literatura se sitúan en el mundo conocido, en la "circunstancia" del autor (exceptuando, quizás, la ciencia ficción --pero allí reside su especificidad, en hacer verosímiles lugares imaginarios).
Borges es un escritor fantástico, que crea con su sola mente mundos maravillosos... pero hete aquí que a mí no me alcanza con la mente. Para mí, un buen escritor debe ofrecer -comprometer- su corazón.
Saludos!

Robinson dijo...

Es probable que los versos de Borges sean algo fríos… no estoy tan seguro de que lo sea también su prosa. Este poema tiene un carácter meramente enunciativo, pero con algunas delicias como el “otra cosa no soy que esas imágenes/que baraja el azar y nombra el tedio”.

Cuando pienso en Borges, me viene a la mente una imagen estática. Me lo imagino sentado: detrás de él, una pared revestida de libros. Con otros escritores es distinto: a Cortázar me lo imagino dentro de un gabán marrón larguísimo, serpenteando el Sena, pucho en mano… ponele.

Creo que lo que quiero decir es que me queda la sensación de que Borges vivió su vida a través de los libros, tal vez de ahí su distante “frialdad”. Tenía menos “calle” que el resto, si cabe.

¡Hola, Tincho! Anduve estudiando, y haciendo otras cosas… ¿cursás algo?

Saludos para todos.