martes, 26 de agosto de 2008

Obligación de elegir (ya no libertad)

Parece que la tenencia de un blog –bien sea para comercialización o consumo personal- es algo bastante posmo, muy a mi pesar.

En efecto, el contemporáneo proceso de personalización, con la realización de la persona como estandarte, hace extensivo el individualismo a otras esferas por fuera de la meramente económico/política: incluso algunos sociólogos americanos se animan a identificar una segunda “revolución individualista”. En el plano cultural, Lipovetsky* observa que «la cultura posmoderna es un vector de ampliación del individualismo; al diversificar las posibilidades de elección, al anular los puntos de referencia, al destruir los sentidos únicos y los valores superiores de la modernidad, pone en marcha una cultura personalizada o hecha a medida que permite al átomo social emanciparse del balizaje disciplinario-revolucionario.»

Muchas veces oímos que la economía es la ciencia de la elección. Al respecto, tengo para agregar mi cuota de evidencia anecdótica. Cada vez que voy a la heladería pierdo cantidades crecientes de tiempo eligiendo mi helado, habida cuenta de la enorme variedad de gustos existente –en continuo in crescendo. Hay que hacer alguna micro, no queda otra: ¿qué pasa cuando la diversificación del producto genera costos de información/transacción crecientes? Y ahora que lo pienso, si bien me la agarré con los helados, podría haberlo hecho con la ropa, la escabiología del vino o la genealogía de las empanadas (soufflé/horno/criolla, y carne picante/suave/cortada a cuchillo con o sin cebolla y sus combinaciones lineales posteriores…), por caso. Esta gourmandise tendencia Lancasteriana –por más racional que sea, en los papeles deviene en tedio y consiguiente pérdida de interés o indiferencia- puede atentar contra la esencia misma del deli: más que resolver un problema, lo sustituye por otro aun más complejo.

En suma, la cuestión a seguir es cómo hace un individuo para lidiar con cantidades exponencialmente crecientes de información. Es decir, cómo modelamos el proceso decisorio, incluso desde lo más behavioural (sic, bien British), para evitar resultados indeseables como el de la paradoja del asno y las dos parvas idénticas.

La indiferencia y el vacío provienen del exceso de información, no del déficit. O lo que es lo mismo, de la saturación de las capacidades para procesarla rápido y de manera aceptable –por esto puede entenderse la formación de preferencias ordinales, claro. Lipovetsky* asegura que «…cuanto mayores son los medios de expresión, menos cosas se tienen por decir, cuanto más se solicita la subjetividad, más anónimo y vacío es el efecto. Paradoja reforzada aún más por el hecho de que nadie en el fondo está interesado por esa profusión de expresión, con una excepción importante: el emisor o el propio creador. Eso es precisamente el narcisismo, la expresión gratuita, la primacía del acto de comunicación sobre la naturaleza de lo comunicado, la indiferencia por los contenidos, la reabsorción lúdica del sentido, la comunicación sin objetivo ni público, el emisor convertido en el principal receptor.» (Las itálicas son mías.)

Y he aquí la estocada final: «De ahí esa plétora de espectáculos, exposiciones, entrevistas, propuestas totalmente insignificantes para cualquiera y que ni siquiera crean ambiente: hay otra cosa en juego, la posibilidad y el deseo de expresarse sea cual fuere la naturaleza del “mensaje”, el derecho y el placer narcisista a expresarse para nada, para sí mismo, pero con un registrado amplificado por un “médium”. Comunicar por comunicar, expresarse sin otro objetivo que el mero expresar y ser grabado por un micropúblico, el narcisismo descubre aquí como en otras partes su conveniencia con la desubstancialización posmoderna, con la lógica del vacío.»

Duro, ¿no?

* Gilles Lipovetsky (1983): L’ère du vide. Essais sur l’individualisme contemporain, Éditions Gallimard, París (preciosa foto de Bianca Jagger en tapa, tomada por Warhol –who else…).

6 comentarios:

Coki dijo...

Me parece interesante la entrada.
Coincido en que las consecuencias del exceso de información son comparables con la falta de ella. Como en casi todo, es como una campana de Gauss.
Un ejemplo es internet. Si uno quiere hacer una investigación, es muy dificil encontrar cierta información confiable, respaldad, citada, etc.

Al mismo tiempo, creo que vivimos con una falsa sensación de elección (fruto, en parte, del marketing en el plano comercial), cuando en realidad igual estamos comiendo empanadas, tomando helado y considerando al vino como algo importantísimo.

Coki

Ana C. dijo...

Yo a veces pienso que para qué servirá todo esto de los blogs si en realidad ya está casi todo dicho desde antes. Si es nomás para hacer un poco más de ruido en el maremagnum de tanta información es un poco deprimente ¿no?

Y sin embargo, de vez en cuando uno encuentra algo que disfruta y no hace ruido, como este blog. Muy linda entrada.

Disiento levemente con Coki. Internet es una herramienta fantástica de investigación. La diferencia en el acceso a la literatura y a estadísticas antes y después de Internet es abismal. Nomás hay que saber seleccionar. Pero el proceso de selección es el mismo que haríamos ante el catálogo de una biblioteca.

Robinson dijo...

Yo pienso, Ana, que en esta etapa tan subjetiva de la comunicación los blogs son una plataforma ideal para ser usada. Tienen un feedback rápido y su interfaz es muy amistosa. Todos los diarios (y todos los columnistas) tienen links a cinco o diez blogs. Casi se puede comentar todas las notas de un diario… Ahora bien, no me queda del todo claro si debemos adoptar una posición funcionalista respecto a ellos y preguntarnos en serio cuál es el propósito de cada blog. En mi caso particular, en su momento me pareció de lo más natural ponerme a escribir. Pero ahora que lo pienso, es cierto… empecé el blog porque me hace bien escribir y leer otros blogs, la posibilidad de interactuar con otros bloggers, etc. (y no para defender alguna causa perdida o cosa por el estilo). Qué se yo, en alguna otra época eran más comunes los clubes sociales… ahora hay esto.

Lo bueno de internet es que te da un acceso que antes no tenías. Pero el volumen de información a procesar es tan grande que a la larga puede jugarte en contra (¿alguna vez googlearon “financial crises”?). Todavía no pasa, pero puede que dentro de un tiempo, los buscadores internos de sitios como el National Bureau y demás tengan este problema… De cualquier forma, debe haber alguna forma de poder “filtrar” los resultados, a prima facie. Y en eso tiene que ver la pericia de quien busca.

Respecto de los datos, algún economista dijo una vez que “antes, buen economista era el que tenía el dato… ahora el dato lo tiene todo el mundo, y un buen economista es aquel que sabe manejarlos y que sabe seleccionar la información.”

Saludos.

Coki dijo...

Coincido con Robinson en que la "economía de la información" pasó a ser la "economía del análisis", lo cual me parece una evolución interesante y hasta positiva.

Yo también me pregunto a veces para qué escribo un blog. Tiendo a pensar que la gente no cambia de opinión por leer nada. A lo sumo se les agrega información o un punto de vista que no se les había ocurrido.

Y a veces es desesperante hablar de cosas (como la corrupción y mediocridad de los Kirchner) y saber que no se puede hacer casi nada desde aca.
Ahí también apunto al exceso de información. Hay tantas fuentes, tantos diarios, blogs, etc., que ninguno tiene un impacto suficientemente fuerte. Todo termina confundiéndose y transformándose en ruido.

Coki

Tincho dijo...

Yo agregaría el punto de captar la atención de los demas. Hay un cierto individualismo pero el fin es social, es comunicarse, expresarse, interactuar, porque no le veo mucha utilidad a tener un blog para postear sin esperar a que alguien lo lea y hasta que nos comenten.

Saludos y buen post.

Farolera dijo...

QUÉEEEE buen post, Robinson!!!! No sé ni por dónde empezar.
En este tema (como en la economía, como en la política, como en todo), las motivaciones varían entre un amplio rango de cuestiones entre lo psi, lo social, lo "funcional", etcétera; y generalmente se combinan entre sí. Ya lo estudió Weber y muchos otros después. Entonces, el tema no pasa tanto -me parece a mí- por dilucidar si la motivación es narcisista o altruista (porque habría, además, que ver cada caso particular) sino qué efecto tiene ese blog en los stakeholders. Algo parecido estamos discutiendo en el blog de mares (http://maresdelsur.wordpress.com) si les interesa.
Dicho esto, en mi opinión las críticas al posmodernismo son generalmente un poco excesivas en su cinismo y en su percepción de vacío de sentido. Esta tendencia se me antoja casi casi como un neo-barroco... :)
Y he aquí mi frutilla en el postre: yo me atrevo a disentir con Livetsky, pues no pienso que estemos en una etapa de hiper-individualización sino de customización, que es muy distinto. Seguimos siendo una sociedad de masas, y tanto es así que se ha masificado la idea de individualización. ¿Cómo congeniar, entonces, estas dos tendencias? Customizando, es decir, elaborando productos y servicios básicos y luego una serie de "accesorios" con los cuales el consumidor puede "sentirse único". Por caso: los templates que ofrecen wordpress y blogspot; los celulares, los servicios "a tu medida" de las telefónicas y demás. Si hasta las pastillas de éxtasis se customizan!!
En definitiva, una sociedad tan masificada que hasta la individualización lo es. Saludos!