martes, 21 de octubre de 2008

Solapando generaciones

En el día de hoy se manifestó de manera explícita la voluntad del Ejecutivo de poner punto final al sistema provisional tal cual lo conocemos hace unos catorce años (más o menos). Como ocurre frecuentemente, las reacciones al respecto son de lo más diversas, con adulaciones varias y sobreestimaciones del alcance de los potenciales beneficios de la medida por un lado (en vez de rescatar a los especuladores vamos a salvar a los trabajadores, etc.), y detracciones diversas (quieren hacer caja y pagar deuda, etc.) del otro lado.

Luego de una tarde larga de mates, modelos de equilibrio general y Piazzolla, no me siento capaz de hacer un comentario serio al respecto, pero sí puedo dar una vaga conjetura. La literatura sobre sistema provisional es de lo más variada y abundante, sin embargo me surge una reflexión más genérica, y un tanto trivial. Pensando muy mal y muy pronto, pero con la intertemporalidad en la cabeza …

¿Qué instrumentos tenemos para trasladar consumo presente al futuro (léase, cómo podemos hacer para ahorrar en esta economía)? Por los motivos que sean –restricciones institucionales, por caso- el riesgo de “expropiación” de cualquier inversión es considerablemente alto, ergo, se sesga el consumo a este período. En este sentido y en este contexto, en una economía con tasa real negativa, poco importa si la prestación del servicio es pública o privada, obligatoria o voluntaria… lo cierto es que no hay forma de generar un esquema sostenible. El sistema previsional involucra horizontes de decisión de largo plazo, y como tal necesita cierta previsibilidad y estabilidad macro que por desgracia no abundan por estas latitudes.

Lo trivialmente preocupante es que el sistema de capitalización pasará a la historia, junto con las privatizaciones de la pasada década, como una “política de saqueo per se” de algunos “neoliberales cipayos”; cuando más bien el análisis debe indudablemente recaer sobre el cómo y cuándo más que sobre el qué (detalles: el sistema de AFJP perdió transparencia desde la crisis del Tequila al permitir valuar bonos a valor técnico; en 2001 se aumentó el límite para comprar bonos del Estado; luego se las obligó a utilizar plazos fijos para comprar letras de corto plazo; luego se las “indujo” a participar en el megacanje -cambiar bonos por préstamos garantizados-; después vino el default; luego con el canje los bonos se canjearían por uno en pesos indexables con 30% de quita, bajo ley argentina, a 42 años con cupón de intereses de 5.5% en dólares, capitalizable durante 10 años, una parte pequeña en bonos más cortos y otra en Discount con mayor quita, luego...). Pero la idiosincrasia política argentina -ese pendular ver las cosas en blanco y negro- nos impide incluso pensar una eventual discusión acerca de reformar lo que ya existe.

En suma, todo este gatopardismo de política económica me hace pensar en quien sube apresuradamente la escalera de un edificio que se está derrumbando.

2 comentarios:

Tincho dijo...

Robinson cambiaste el nombre, ahora esta en frances. Pequeño detalle.

Llendo al post, coincido, quieren vender gato por liebre. Si tanto le preocupaba que ocurrieran episodios como este hubieran fijado medidas que pasen a activos mas seguros los fondos de los que se estan por jubilar y no intervenir el INDEC.

Robinson dijo...

...lo que no ajusta por riesgo, ajusta por rendimiento, no? (o algo así).

Estaría bueno calcular los betas de las carteras, y ver q rendimientos tenían y esas cosas. Mi conjetura tiene que ver con eso, una estrategia de buy and hold en argentina no te alcanza para tener una renta como la que se supone que debiera tener un jubilado hecho y derecho.

Pero es difícil...

Saludos.