jueves, 9 de octubre de 2008

Yendo al Everest: la isla del copy-paste


Si por algo se caracteriza la vida de estudiante es por sus manifiestos desequilibrios y desórdenes, tanto en las conductas como en los hábitos y horarios de los anteriores. En efecto, mi dedicación al blog no es ninguna excepción. Lo único que puedo prometer (ya no sé bien a quién) es, a manera de pronóstico de horizonte abierto, alcanzar cierta regularidad al finalizar los estudios.

(Es difícil man-tener un blog. Hay que ser valiente para no emprender la retirada en los prolegómenos del ponerse a escribir: más cuando la propia vergüenza –y la ajena- nos disciplinan.)

Es por ello que, a riesgo de aburrir al lector, transcribiré un pasaje de un artículo de Pigou* que me llamó a la reflexión acerca del rol de la ciencia económica, su propósito y su método.

“Entender la complicada interdependencia del mundo económico en su eterna búsqueda de equilibrios que nunca se alcanzan es un desafío intelectual. Los sistemas de ecuaciones en que Walras y Pareto tratan de agrupar las partes relacionadas entre sí en un todo unificado, tienen un atractivo estético. Pero creo que esto es muy secundario. Nuestra disciplina no se presenta a triunfos de razonamiento puro. En ese aspecto nuestros problemas son demasiado fáciles. En realidad, para los periodistas el análisis que a veces es conveniente emprender en lo que Marshall ha llamado un pequeño cálculo de cacerola, parece de una dificultad aterradora. Para su exigua visión habitamos una región inasequible al hombre de la calle: “caminamos en compañía de la muerte y de la mañana, en las colinas silenciosas”. Pero para el estudiante de física teóricamente o de matemáticas puras, que nos observa desde el Everest, los más austeros de los llamados economistas matemáticos no son sino moscas que se arrastran trabajosamente hacia la cúspide de una loma insignificante. Visto como conocimiento en sí mismo, es pobre el espectáculo que ofrece la economía política.

“Pero no es sólo en buscar el conocimiento por sí mismo con lo que se justifican las ciencias, pues para muchas de ellas hay también una segunda apología, si se decidiera hacerla. El conocimiento que a menudo alcanzan, y algunas veces por caminos sorprendentes e inesperados, conduce a lo que los políticos y los reyes del comercio llaman “resultados de utilidad práctica.” Las investigaciones de hombres como el profesor A. V. Hill son de grandes consecuencias prácticas, no obstante el poco motivo utilitario directo que puedan tener. La importancia de la fisiología para la práctica de la medicina es demasiado evidente para que no baste el mencionarla; pero, en otros campos, una investigación a primera vista casi notoriamente inútil ha demostrado ser la progenitora de prácticas futuras. Nada digo acerca de la fama que ha alcanzado la química como proveedora de gases venenosos y de bombas altamente explosivas. Muchos beneficios menos dudosos debe el mundo a la ciencia pura. La fuente original de la telegrafía inalámbrica no fue la obra experimental de Marconi, sino las ecuaciones fundamentales -prima fase totalmente desprovistas de importancia práctica- desarrolladas por Clerk Maxwell. Es sobre este aspecto de su trabajo, más bien sobre su promesa de fruto que sobre su promesa de luz, sobre el que debe construir su apología un economista.”

En cierto sentido, creo que una sólida formación en teoría económica puede en efecto ayudarnos a obtener una comprensión más fiel de realidad, lo cual no es trivial en absoluto. Aunque cuanto más pisos tenga esa torre de Babel, más costoso puede hacérsenos el descenso (y en consecuencia el ascenso). Para pensarlo.


*A. C. Pigou (1942): “Apología del economista” en Teoría y realidad económica, Fondo de Cultura Económica, México, 1942. pp. 9-30


2 comentarios:

Tincho dijo...

Que buena cita Robinson, los eternos dilemas que todos hemos infrentado.

El ultimo parrafo es lo que alguna vez yo le decia a un profesor en clase, o sea, ok, yo me subo al mainstream o la matematica optimizadora pero vos me aseguras que alguna dia no me tenga que bajar de heverest?

Tambien esta el hecho de no tomarse tan a pecho los modelos claro, en eso Romer escribio algo hace poco.

Saludos

PD) Claro que cuesta escribir un blog!
PPD) Me mató la parte de la mosca subiendo a la colina, jaja, tiene toooda la razón.

Robinson dijo...

...el tema es que a veces, por tanto hurgar en el método, uno se olvida de qué diablos está hablando (o derivando, o lo que sea). Automático -de autómata.