sábado, 10 de enero de 2009

Del ocio

Évitez l'oisiveté. C'est une rouille
qui s'attache aux métaux les plus brillants

Voltaire

Séneca afirma que quejarse de la brevedad del tiempo es una constante, y sin embargo tenemos mucho más del que sabemos en qué emplear. Nuestras vidas, dice, se desperdician o bien en no hacer nada, o en hacer cosas que no tienen propósito, o en no hacer nada de lo que debemos hacer.

Sin dudas, padecer enero en una desértica La Plata es una calamidad; no hace falta ser muy gregario para sufrirlo. Enero es ese mes en que la petite ville se convierte en una inhóspita masa de concreto: hasta los simpáticos gorriones que alegraban el fondo de casa –para despertarse de buen humor, bastaba dormir con la ventana abierta- emprendieron un éxodo digno del antiguo testamento.

Frente a este escenario, estoy en condiciones de aventurar que quienes nos quedamos en la ciudad de las diagonales pertenecemos a dos grupos (colectivamente exhaustivos y mutuamente excluyentes): aquellos que tienen algo que hacer y están presos de la rutina en la ciudad, no ven la hora de largar todo e irse de aquí; y aquellos que no tenemos otra rutina más que la del no hacer nada, y por ende estamos presos de las circunstancias –o no- e indiferentes respecto a nuestra ubicación geográfica.

Entiendo que no hay nada más desagradable que estar ocioso. Tan familiarizado estoy con el tema que hasta me tomo el tiempo para cuidar de distinguir taxativamente el ocio (del cual no reniego), del estar ocioso. Es una diferencia trivialmente fundamental, como la existente entre estado y esencia, entre trabajar y estar ocupado, etcétera.

Es así que luego de cerrar una etapa, (sí, por fin me recibí), uno reasigna su endowment horario al resto de las actividades existentes, haciéndolas más tiempo intensivas, y parcialmente a la búsqueda de otras nuevas. En ese sentido, reemplazar los caseros fideos con manteca por unos home made linguine alla pescatore (como los anteriores pero sin manteca, con unos cuantos mejillones y un twist de roquefort) es un rebusque válido, procurando sustituir la insulsa gaseosa por ese Chardonnay, en contrapunto ideal con los mariscos y el queso azul. O puede uno ponerse a repasar econometría, por qué no... Lo cierto es que al cabo de estar un buen rato empinando el codo, conviene sentarse a escribir – no antes de que los sedosos taninos abran una cautivante infinidad de sensaciones en la boca, limpiando asimismo cualquier eventual astringencia en la prosa.

Convencionalismos y lugares comunes aparte, lo verdaderamente curioso es que el ocio no es del todo inútil. Económicamente, en tanto que el ocio es un bien, no necesita uno ser demasiado neoclásico para advertir que su utilidad marginal es, cuando menos, decreciente. Es por ello que puede deducirse que como tal, se lo valora por su escasez relativa, y he aquí el problema. Para quien está ocioso la categorización del leisure como bien es poco interesante, en tanto que aún dispuesto a intercambiar horas del mismo por horas de quién-sabe-qué-virtuosa-actividad, este tipo de transacciones permanecen por fuera del set factible. Y no es que uno esté ocioso porque se dedique al serio estudio del muy aristocrático arte de no hacer absolutamente nada, sino que al menos en mi caso particular, no encuentro actividad a la que valga la pena dedicarle un breve lapso: febrero ya será otro mes. Sólo me pregunto si volverán los gorriones –no hay nada más fastidioso que el bip sincopado de un despertador.

2 comentarios:

Tincho dijo...

Si Robinson, La Plata en Enero es una ciudad fantasma. Como los del interior nos vamos no quedan bares y como muchos de uds se van de vacaciones la ciudad queda desolada.

Ponete a estudiar macro che!!

Saludos.

Robinson dijo...

En febrero arranco con macro, Tincho... el tema es que no sé qué materias elegir! No termino de decidirme entre los perdigones de la macro y los micro-breneques (se escribe así)?