viernes, 20 de febrero de 2009

Del Jockey


Hace unas horas, mientras volvía a casa por Av. Alvear y tarareaba una chanson de Paris Combo, me detuve un rato a mirar el monumento a Pellegrini, y por obvia extensión, el edificio del Jockey, que en realidad es más conocido como el Palacio Unzué de Casares.

Si bien es cierto que su fachada no desentona con el eclecticismo de las construcciones lindantes, hay que reconocer que tampoco sobresale por su elegancia. De hecho, no faltaron socios que en su momento (allá por 1966) sostuvieran que es “un edificio antipático, pretencioso y gélido”. Y que “Por lo que se gastó en su refacción, pudo haberse construido una sede moderna y funcional. Pero no... Los retrógrados de la institución insistieron en que tenía que ser una antigualla. Y ahí está...”

Sin duda alguna, la Avenida Alvear seduce por su cosmopolitismo y distinción: hay algo de belle époque en la atmósfera. Para muchos, evoca las páginas más doradas y brillantes de nuestra historia, tanto cultural como política y social. Ante los hombres que formaban la clase dirigente del país -los hombres de la célebre Generación del Ochenta- se abrió entonces un campo propicio para las realizaciones institucionales (concepto en boga si los hay). En ese entonces, la República Argentina acometió su definitiva organización como nación bajo la guía del lema “paz y administración”, que caracterizó la primera presidencia del General Julio A. Roca.

Ahora bien. Volviendo al presente y a sus magras realizaciones institucionales, me queda la siguiente duda. Se sabe consuetudinario el que los Presidentes de la Nación en ejercicio automáticamente se conviertan en miembros honorarios del Club -mientras duren en su cargo. Pero también es de dominio público que el Jockey Club, como la mayoría de estas organizaciones, es exclusivo para caballeros. Así que me preguntaba –asumiendo lo primero como cierto- si acaso CFK será socia del Jockey… (does it really matter?)