Tengo una idea en la cabeza, pero me cuesta vestirla con palabras. Me vino de golpe el otro día, cuando consultaba el diccionario, ese cortazaresco “cementerio de palabras”. Ahí va.
No hay nada más recursivo y circular (aunque a veces no se note) que un diccionario. En un principio, mi noción de lenguaje es la de una construcción lógica, una estructura que se erige sobre ciertos axiomas que hacen las veces de “definiciones primitivas”; gracias a ciertas operaciones básicas éstas permiten generar todo el resto del conjunto “palabras”. Dentro de este esquema, cualquier set de palabras es replicable. Hay una serie de palabras que se autodefinen, y el resto son variaciones, combinaciones, etcétera de las primeras.
El punto, hasta ese entonces, es que el dominio de definiciones primitivas va cambiando según el sujeto que usa el lenguaje. Es por eso que puedo estar hablando presuntamente en el mismo idioma con alguien y aún así no entenderlo, porque por caso, significante y significado no cumplen una relación de unicidad y existencia –ni siquiera para las definiciones primitivas que no son coincidentes.
Resulta curioso, porque si uno agarra el diccionario entiende el por qué de la circularidad. De no ser así, el diccionario nos impondría definiciones primitivas a los sujetos. Y no lo hace. Si no fuese circular, habría alguien para quien el diccionario no tiene valor ni sentido.
No hay nada más recursivo y circular (aunque a veces no se note) que un diccionario. En un principio, mi noción de lenguaje es la de una construcción lógica, una estructura que se erige sobre ciertos axiomas que hacen las veces de “definiciones primitivas”; gracias a ciertas operaciones básicas éstas permiten generar todo el resto del conjunto “palabras”. Dentro de este esquema, cualquier set de palabras es replicable. Hay una serie de palabras que se autodefinen, y el resto son variaciones, combinaciones, etcétera de las primeras.
El punto, hasta ese entonces, es que el dominio de definiciones primitivas va cambiando según el sujeto que usa el lenguaje. Es por eso que puedo estar hablando presuntamente en el mismo idioma con alguien y aún así no entenderlo, porque por caso, significante y significado no cumplen una relación de unicidad y existencia –ni siquiera para las definiciones primitivas que no son coincidentes.
Resulta curioso, porque si uno agarra el diccionario entiende el por qué de la circularidad. De no ser así, el diccionario nos impondría definiciones primitivas a los sujetos. Y no lo hace. Si no fuese circular, habría alguien para quien el diccionario no tiene valor ni sentido.
Para la chica del video (que en realidad es Wittgenstein) el lenguaje proviene de la necesidad de trascender más allá de nuestra soledad y frustración. Para mí tiene más que ver con las ventajas comparativas que ofrece el ser gregario, el optimismo de vivir en comunidad y disfrutar de los beneficios de la especialización; ambas razones, bajo determinadas circunstancias, terminan siendo la misma. La frase del final -“…and yet, when we communicate with one another, we feel that we’ve connected, and we think that we’re understood, I think we have a feeling of almost spiritual communion. And that feeling might be transient, but I think it’s what we live for”- es genial.
La verdad que es un tema súper interesante y complejo, ahora entiendo por qué estudié economía y no filosofía…


2 comentarios:
buenisimo eso es literatura
muy bueno, saludos
Publicar un comentario en la entrada