lunes, 20 de abril de 2009

De la suerte

Me acaba de pasar algo curioso. Extraño.

Mientras buscaba una frase para poner al costado del blog, le pedí a Proverbia que me traiga una frase al azar. Acto seguido, apareció lo siguiente en la pantalla:

"El azar no existe; Dios no juega a los dados."
Albert Einstein (1879-1955)
Científico alemán nacionalizado estadounidense.

Lo bueno de este tipo de situaciones es que ofician de disparador, lo dejan a uno pensando… por ejemplo, ¿qué probabilidad hay de que la ocurrencia de dicho evento se deba al azar?

No sé qué Einstein habrá enunciado esa especie de cliché de los dados, si fue el de la relatividad especial o su sucedánea mejora. Y aunque no entiendo mucho de física, me tomo el oportuno atrevimiento de disentir con herr Albert…

En un tono más coloquial –pero jamás menos erudito- un Borges que juega a ser Groussac nos dice (en el poema de los dones) que “Algo, que ciertamente no se nombra/Con la palabra azar, rige estas cosas;/Otro ya recibió en otras borrosas/Tardes los muchos libros y la sombra.”

Menudo tema el de la suerte. Voltaire afirmó alguna vez que la suerte es lo que sucede cuando la preparación y la oportunidad se encuentran y fusionan. Por otra parte, Stephen Leacock no hesitaba en confesarse como “gran creyente en la suerte, pues he descubierto que mientras más duro trabajo, más suerte tengo”.

Pero no puede haber gente con más suerte que otra. Esto es un sinsentido, un abuso del lenguaje seguramente; ello puede demostrarse reduciendo la hipótesis al absurdo. Si hubiese gente con más suerte que otra, entonces la misma estaría efectivamente correlacionada con algo, lo cual es imposible puesto que su naturaleza aleatoria lo impide por definición.

6 comentarios:

el orejano dijo...

... aunque no necesariamente. Podríamos imaginar que el destino de cada individuo se define aleatoriamente. De esta forma dos individuos iguales podrían tener más o menos "suerte", y esto no dependería de ningún fenómeno observable.
De cualquier forma, hay algo ciertamente perturbador en este modo de concebir la suerte.
En principio, ningún fenómeno de la naturaleza responde a una distribución de probabilidades en particular. Que la distribución normal sea comúnmente utilizada para representar un fenómeno cualquiera no implica que el mismo sea explicado por ella, sino que ambos procesos son casi indistinguibles. Relacionar, digamos, la posibilidad de que aquella señorita sentada frente a la ventana se encuentre dispuesta a pasar el resto de la tarde conversando sobre el azar, con una distribución particular permite reducir el problema a la determinación de unos pocos parámetros... el azar se transforma en magnitudes ciertas (por caso, para una distribución normal, la media y la varianza, o en el otro caso, en la certeza de que la puerta se abre y la señorita se aleja del café sin que yo me anime a conversar con ella).
Ciertamente, hay algo perturbador y contradictorio en esta forma de concebir el azar. Después de todo, no somos capaces de explicar el origen de esos parámetros que determinan el comportamiento del proceso. En todo caso, si solo el azar existe en el universo, debería existir un numero inefable de procesos (uno que determine la media de que la señorita acepte, otro para determinar la media de esa media, otro para la media de la media de la media and so on).
Hay algo perturbador en el concepto de azar y es que no parece diferir de aquel otro, cuyas magnitudes no tienen limites, y que es el corruptor y desatinador de todos los demás.

Coki dijo...

Si entendí bien el planteo, disiento con la última idea.
Que el azar sea aleatorio no significa que sea una constante. De ser así, nadie ganaría la lotería. La "selección" de quien la gana es aleatoria, pero esa persona tiene más suerte que todos los demás que participaron.
Se podría decir que repitiendo hasta el infinito todas las experiencias de todos, todos tendríamos la misma suerte. Pero en números bajos se generan altas disparidades que son las que generan esa sensación de fortuna en algunos.

Robinson dijo...

No pensaba en correlaciones entre individuos sino en correlaciones con otras cosas, con otras características particulares, etcétera. Pero el razonamiento debiera ser igualmente válido o inválido.

Ahora me hicieron dudar, che... el último párrafo del post me cerraba bastante pero ahora que leo sus comentarios no sé.

Lo verdaderamente perturbador es que es una cuestión lo suficientemente abierta -tanto ésta como aquella del infinito- que deja más o menos a criterio del sujeto la cosa.

Déle nomás con la señorita orejano, pero no le vaya a hablar de esto... cuéntele cosas menos insípidas. O simplemente, escúchela.

Q dijo...

Robinson: Correlation does not imply causation. Nada más :)

Q

Robinson dijo...

Imposible meterle causalidad a esto, Q...

Es todo una cuestión de model specification, no más que eso.

Anónimo dijo...

Interpreto que Einstein quiso decir que el universo debe entenderse como un todo determinado por la interacción de fuerzas. Tomó el lenguaje mítico, en el que podemos creer en Dios, para decirnos que el universo tiene sus leyes. Y extendiendo el razonamiento, nos habilita a perseguir (descifrar y recifrar) esas leyes.